Roger Federer, el icono más grande del tenis | Deportes


Por fin ha llegado la noticia que los amantes del tenis llevan tiempo temiendo. Después de algunos años de problemas recurrentes en la rodilla y cirugías, y entendiendo que un regreso a la competencia no era factible, Roger Federer anunció su retiro de la Copa Rod Laver el jueves pasado.

Me entristeció mucho escuchar el anuncio, tanto como está dentro de los reinos de lo normal e incluso intuitivo. Hablando recientemente sobre Roger con mis tres hijos, quienes obviamente también lo admiran inmensamente, expresé el deseo de que cuando llegara el momento, el mayor icono del tenis se embarcara en una gira final de los cuatro torneos de Grand Slam desde su merecida Recepción. despedirse entre agradecimientos y aplausos del público asistente.

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Diría que, para no ser categórico, pocos han logrado igualarlo en su habilidad para combinar la elegancia y plasticidad de sus movimientos con la efectividad y precisión de sus golpes. Con sus modales exquisitos logró trascender su propio deporte y convertirse en un referente mundial, cautivando a muchas más personas que los propios aficionados al tenis.

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En sus momentos de máxima inspiración, parecía que estaba jugando a otra cosa. Durante muchos años nos ha deleitado con sutiles dejadas, voleas magistrales y devoluciones improbables. Y todo para que parezca que ni siquiera está despeinado. Un día, mientras yo estaba en el vestuario del torneo de Montecarlo, entró justo después de haber terminado su partido en la pista central. “Supongo que estarás jugando con la misma camiseta toda la semana”, le dije en broma al ver lo inmaculada que estaba, sin una mancha de sudor. “No, tengo uno de repuesto”, respondió con su amistoso sentido del humor.

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Nadal y Federer, 2009 tras la final del Open de Australia.
Nadal y Federer, 2009 tras la final del Open de Australia.Andrew Brownbill (AP)

En los primeros años de Rafael en el viajeRecuerdo haberle dicho en repetidas ocasiones en 2006 o 2007, antes de salir a la cancha en sus partidos contra él: “Habrá momentos en los que te sentirás muy inferior. Sigue luchando y espera a que pase la tormenta.” Esa era la sensación que te dejaba en sus momentos de inspiración, de absoluta impotencia.

Por suerte para nosotros, fue muy difícil mantener ese nivel durante todo un partido, incluso para él. Pero tengo que decir que a pesar de las palizas endiabladas que sufrió mi sobrino, he tenido la gran suerte de poder verlo tocar en directo tantas veces. Guardo en mi memoria todos sus enfrentamientos, muchos de ellos épicos, así como innumerables jugadas, que seguí buscando, viendo y disfrutando en el iPad en la tranquilidad de mi hogar. No me queda más remedio que estar eternamente agradecido con él y desear que nos siga complaciendo en torneos o exhibiciones de veteranos.

Mucho se ha hablado también a lo largo de los años sobre la ejemplar rivalidad que han nutrido Roger y Rafael. Yo mismo he respondido a numerosas entrevistas sobre el tema y he escrito sobre lo beneficioso que creo que sería si aquello por lo que se lucha arduamente en interés propio, ya sea en la cancha de tenis o en cualquier otra área o campo, no se tomara como una afrenta. y, mucho menos, a los opositores como enemigos. Lo normal, lo más lógico y lo más humano sería sentir no sólo respeto sino también cierto cariño por alguien con quien sientes lo mismo y con quien tienes tantos sueños.

También en este sentido, Federer fue un modelo a seguir. No creo que lo hayan visto nunca, no solo groserías directas hacia el jugador que discutía con él en la pista por puntos, ni siquiera se le pueden atribuir egoísmos o expresiones chulescas tras sus puntos más brillantes. Nunca hizo un gesto para obtener el aplauso de la audiencia, ni exigió que lo vitorearan por un punto de campeonato. Sus celebraciones, ya sea después de una gran pelea o después de una gran victoria por el título, siempre fueron discretas y elegantes.

Federer golpea con un revés hace dos años en Melbourne.
Federer golpea con un revés hace dos años en Melbourne.SCOTT BARBOUR (EFE)

Compartí en un artículo anterior que la única final de Roland Garros que Rafael no celebró con una caída al suelo fue contra Federer en 2008, en una final que se ganó de manera bastante impredecible en tres sets.

Solo tres años después, en 2011, Roger tuvo la oportunidad de tomar represalias con una consideración obvia. Fue en el impresionante O2 de Londres, durante la Copa de Maestros cuando se deshizo de Rafael en una hora corta con un contundente 6-3 y 6-0, lanzando el último balón que Rafael envió al público y con un comportamiento totalmente inusual para un jugador que acababa de ganar un partido tan importante, bajaba la cabeza y no levantaba los ojos del suelo hasta encontrarse en la red con su rival vencido para estrecharle la mano y darle una palmadita en el pecho.

El vacío que ha dejado este atleta irrepetible es sin duda enorme, pero su legado es aún mayor. Cuando uno deja una actividad para siempre, no hay mayor satisfacción que ver la huella que deja.

La de Roger Federer quedará imborrable sin duda.

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