Muguruza sigue sin encontrar la luz | Deportes

Por mucho que el hombre de la bandera venezolana intente revivirla del último timbrazo…¡Quédate en el juego, Garbiñe, quédate en el juego!-, no hay posibilidad de devolución. Muguruza sucumbe ante la belga Elise Mertens, que en los dos duelos anteriores entre ambas no había podido vencerla, y se despide demasiado pronto, de nuevo en la primera vuelta: 3-6, 7-6(3) y 6-1, tras 2h y 28m de batalla bajo un sol abrasador este martes en Melbourne. Quiere a la española, pero de momento su tenis no le alcanza y no puede escapar del bucle devorador que la tiene atrapada desde que triunfó en el Masters de Guadalajara, México hace dos años. Desde entonces, más derrotas que victorias y demasiados problemas, porque el descenso no responde a la pereza, sino a una cuestión de tenis y de cabeza.

Se preocupan por la sustancia y la forma. Muguruza no acciona el interruptor y vuelve a repetirse la secuencia vista tantas veces en los últimos tiempos, porque ha tenido el juego entre manos y finalmente se le ha escapado. Con el primer set en el bolsillo y sirviendo para ganar, el brazo se agarra, toma una mala decisión y se atasca. A partir de ahí cuesta abajo. Sale de la cancha con la cabeza gacha, escondido debajo de su visera y con una la tierra me traga en la mente. Insiste e insiste, pero la chispa no llega. “Es duro, duro…”, repite en la sala de conferencias, consciente de que la derrota es otra piedra en el saco; actualmente se encuentra en la posición 73 de clasificaciónen dos semanas ya no estará en el top 80 y eso significa que encontrará más puertas cerradas.

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“Tengo que hacer un calendario adecuado a mi situación. intentare jugar esos torneos [en Oriente Medio, siguiente estación del calendario]pero si no pudiera [solo es posible si recibe una invitación, por su descenso]Voy a mirar otros de una categoría más pequeña. Hay que intentar jugar más partidos”, afirmó ante los periodistas; “He jugado muchas veces en 250 o 500 [de categoría], y eso siempre viene bien. Incluso cuando estaba mejor, también he jugado este tipo de torneos para ganar confianza; Obviamente a todo el mundo le gusta jugar los Grand Slams y las finales, pero ahora tengo que trabajar con humildad y pasar un poco desapercibido para intentar escalar de nuevo.

Tenista de momentos, de extremos, Muguruza vive en uno deja Vu Negativo que no para. A sus 29 años, intenta sumarse a la causa sin recompensa alguna, con la esperanza de que en algún momento vuelva su “magia” y esa capacidad de “volver de repente, de forma sorpresiva”. Sin embargo, no termina de presionar la tecla. Llamada a marcar una época, por condiciones, proyección y apetito, primero tocó el cielo -Roland Garros, Wimbledon, número uno- y luego se derrumbó; cayó al abismo (2018-2019) y se apoyó en la guía de Conchita Martínez (2020) para volver a mirar a la altura. Devolvió el golpe precisamente en Australia, donde llegó a la final hace tres años, pero luego su actuación describió una trayectoria discontinua. Altibajos, altibajos; mucho swing en un jugador que es capaz de todo, lo mejor y lo peor. Grandeza o nada. Un misterio.

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“Nunca es fácil de aceptar”

“He tenido bastantes partidos en los que empiezo jugando bien y luego, en momentos importantes… Quizás no ofrezco el máximo nivel, pero tampoco ofrezco uno malo, pero en esos momentos tienes cerrar el partido con decisión y claridad, no lo hago”, explica tras la caída de Mertens, de nuevo cuando tenía todo a su favor. “Ha sido una mezcla de ilusión y cansancio. Es verdad que he notado la calor [34 húmedos grados a orillas del río Yarra]pero supongo que me gusta. Físicamente he notado un ligero declive que ha coincidido con su [32ª del mundo, de 27 años] Empezó jugando muy bien, ya partir de ahí fue muy rápido, continúa.

El testamento no va acompañado de hechos, y la hoja de servicios refleja que Muguruza no gana un partido desde mediados de septiembre, cuando venció a la griega Despina Papamichail en Tokio. Desde entonces, cinco derrotas y más dudas. Se aferra a su genialidad, pero esto es difícil de conseguir, y mientras tanto sigue cayendo. Hasta que los dos tropezaron en primera ronda el año pasado -en Roland Garros y Wimbledon-, este último se unió en el estreno en Melbourne, dolorosamente aunque se hayan convertido en una constante. A todo o nada, una competidora sin mediocridad, que desde que levantó el trofeo de campeona ofrece balance negativo (12 victorias, 20 derrotas).

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“Nunca es fácil de aceptar”, lamenta. “Siento que la tengo y luego me doy cuenta de que no”, se sincera el último icono femenino del tenis español, en horas bajas, pero dispuesta a dar un giro a la historia. “Tengo que encontrar la manera de mantenerme competitivo en los momentos en que mis oponentes están en su mejor momento. Ahora voy a descansar y seguir entrenando para estar lista”, concluye Muguruza, que no tiene más remedio que seguir con el pico y la pala, tranquila y serena, confiando en que sus instintos son los correctos y acierta de nuevo. . Tiene todo un año por delante para esto.

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