La pandemia se lleva por delante a la histórica churrería La Bola de Oro


El domingo fue un día triste para los asiduos a la histórica Churrería La Bola de Oro de Ferrol, que cerró al público tras cuatro años bajo una nueva dirección.

Los actuales propietarios, Sergio Barcia y Elia Alonso, no tuvieron suerte con el negocio, cuya transmisión adquirieron en 2018 a Rafael López y Begoña Martínez, que formaban parte de la quinta generación de churreros que regentaba este establecimiento, que abrió sus puertas en Ciudad en el año 1964. Antes de eso, los churros se vendían en las calles en ferias, festivales y mercados de todo el país.

Volviendo a Sergio y Elia, empezaron en octubre de 2018 con mucha ilusión y muchas ganas de seguir la tradición de una empresa con tradición en la ciudad, y que fuera rentable. Las cosas no iban tan bien como esperaban, ni siquiera bien, porque en sus vidas se estrelló algo que ni ellos ni otros hoteleros tenían, la pandemia del coronavirus y las restricciones resultantes.

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“Empezamos con mucha ilusión, el primer año fue muy bien, incluso conseguimos saldar deudas y prepagos para reducir el importe de la letra”, explica Sergio Barcia, quien recuerda que transfirieron una importante suma, “desde cero”. o sea, después de pedir todo el dinero para comprar el local y el negocio, o sea, con la fórmula de los churros y el chocolate. Después de este buen año vinieron los demás, cada cual peor. “Llegó la pandemia y con ella el parón, las restricciones y los préstamos ICO, unos préstamos muy atractivos que ahora hay que devolver y la recuperación es más lenta que los compromisos con el banco”, lamenta el empresario, que ha visto cómo el La crisis sanitaria les ha quitado las ilusiones y también el dinero. “Al final tuvimos que tomar la decisión, el verano fue duro porque no es nuestro momento fuerte pero el invierno pasado también fue duro y eso no nos dejó recuperarnos como queríamos y al final un crédito lleva a otro y la pelota Ha ido creciendo y había que tomar decisiones, aunque fueran difíciles”, explica el dueño de La Bola de Oro.

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El negocio sigue siendo rentable, pero no para quienes llevan meses y meses sin entrar, ante la nómina, las restricciones y la ausencia de clientes. Por eso han decidido recuperar parte de las inversiones y desembolsos anteriores mediante el traspaso de la churrería “y todo lo que conlleva”, ya que no solo están vendiendo el local sino el producto, la marca, la fórmula, ya que de lo contrario perdería la esencia. “La esencia de La Bola de Oro no se puede perder, de hecho, de las personas que se han interesado por el lugar, hay uno que quería vender aquí sus propios churros, su producto, y otro no puede vender bajo esta marca porque perdería su esencia, y eso no va a pasar”, enfatizó Sergio, quien recuerda que la marca siempre estará ligada a la venta de los churros asociados a ella.

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El domingo muchos clientes, algunos de ellos clientes de larga data y ya clientes habituales de los anteriores propietarios, habían acudido a desear suerte a Elia y Sergio, que confían en que pronto podrán volver a servirse en el local de calle María. con sus típicos churros y el chocolate caliente que está tan bueno sobre todo en los días de frío.





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