El interiorismo con proyección | El Comercio


Rosa Pico, enamorada de su trabajo. / marieta

trayectoria. Al crecer entre las telas y la decoración, nunca pensó en dedicarse a ello profesionalmente. Dio un vuelco al negocio familiar cuando lo hizo, y ahora la firma de este arquitecto técnico tiene sedes en San Sebastián y Bruselas

Mirando el currículum de Rosa Pico Blanco y no su fecha de nacimiento, uno pensaría que ronda los cincuenta, quizás un poco más, porque parece imposible que con solo cuarenta años tomara las riendas de un negocio de decoración tradicional y lo continuara en el cartel nacional. y con una pica no en Flandes sino en Bruselas. Rosa Pico Blanco (Avilés, 1980) es arquitecta técnica e interiorista, segunda generación de Soldecor y la arquitecta que ha convertido a esta conocida tienda de decoración en uno de los referentes del interiorismo en el país. Sí, no es exageración, del país. Su nombre se puede encontrar a menudo en revistas de decoración y sus oficinas en San Sebastián y Bruselas son un testimonio de su éxito.

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Discreta, elegante y casi parece que le gusta andar de puntillas por los lugares, pero lo cierto es que su trabajo habla por ella y su talento revela a una mujer criada en la cultura del esfuerzo y haciendo los deberes con sus dos hermanas confeccionando telas, alfombras y tapices de la tienda de sus padres en la calle de Las Artes. Lo vivió intensamente, pues el matrimonio la llevó a las ferias, donde compraban insumos y socializaban, y aunque se sembraron las semillas de un amor por la decoración, Rosa nunca imaginó que algún día se dedicaría a la misma causa que sus padres. .

Se licenció en Arquitectura Técnica por la Universidad SEK de Segovia, actualmente Instituto de Empresa, y su primer trabajo fue como aparejadora en un hotel de Atapuerca. Los vinculó a la presentación de la tesis. Estas buenas sensaciones laborales la animaron a volver a Asturias, pero tras un mes sin resultados, se fue a Madrid y trabajó allí durante seis años en la oficina técnica de Constructora San José.

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Queriendo volver, Rosa llamó desde la central a Juan Pomar, que la había llamado hacía seis años, el mismo día que ella se acababa de mudar a Madrid. Él le dijo que lo contactara cuando regresara. Lo hizo y se unió a la empresa que construyó el Centro Niemeyer. Rosa estuvo ahí desde el principio. Dirigió uno de los varios equipos técnicos que se formaron y durante mucho tiempo fue la única mujer en el proyecto. Está entre sus mejores recuerdos, sobre todo por la belleza del proyecto y el aprendizaje.

La crisis económica acabó en Asturias y aunque sobrevivió a ella, decidió exigir la factura y apostar por el negocio familiar. Quería darle una vuelta de tuerca: además de vender decoración, quería hacer diseño de interiores. Mantuvo el mismo nombre, que aseguraba su clientela por su capacidad de pago, pero lanzó una campaña de marketing individual con cada comprador y se rodeó de su familia y de un equipo de profesionales, todas ellas mujeres, tan entregadas como ella. En perspectiva, todo sucedió muy rápido. Comenzaron haciendo interiorismo en casas y a través de un amigo de la casta dirigió un proyecto en San Sebastián del que surgieron algunos más. Finalmente, decidió fundar Soldecor también allí. Y la historia se repite en Bruselas, que por cierto le dio la idea del nuevo campo empresarial en el que quiere incursionar. Porque Rosa, que no rehuye los elogios por el trabajo y la fuerza innovadora de sus padres, no se queda atrás y es su digna heredera.

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