Arte, Parlamento y educación


Leo con pesar el artículo de opinión firmado por Alfonso Carlolosena (exrector de la Universidad Pública de Navarra) relacionado con la comparecencia solicitada por el actual rector, Ramón Gonzalo García, para explicar la desaparición de obras de arte de la Universidad Pública de Navarra Navarra.

Dos temas me llamaron la atención en su argumentación: la consideración de las obligaciones sociales de las personas en cargos públicos y el desapego que muestra hacia las obras artísticas y la necesidad de su cuidado y conservación.

En primer lugar, el exrector considera que el rectorado tiene tareas “mucho más importantes” que recopilar información sobre estas desapariciones para responder al parlamento. De hecho, tienen otros roles, pero no estoy de acuerdo a la hora de calificar su importancia. La UPNA y todas sus instalaciones, equipamientos (incluidas las obras de arte), personal docente, administrativo y de servicios se financian con dinero del contribuyente navarro. Y aunque las actuaciones se dan en situaciones que Carlosena califica de “incómodas” y “objeto de discrepancia política”, es el lugar que la legalidad democrática posibilita para exigir explicaciones a los gobernantes de una universidad pública.

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Por supuesto, existen materias académicas que constituyen la razón de ser de la actividad universitaria (docencia, investigación y transferencia de los resultados de la investigación a la sociedad), pero parece lógico pensar que no deben ser objeto de discusión en el Parlamento ya que son ad hoc para tal efecto crearon instituciones. En concreto, el departamento de universidad, innovación y transformación digital creado por el actual gobierno, que se ocupa de temas relacionados con el profesorado, el mapa de titulaciones o la financiación.

Por otro lado, las razones aducidas por el exrector sobre el “mínimo impacto económico” de esta desaparición y el hecho de que la UPNA sea “un entorno abierto muchas horas al día y en el que se mueve un gran número de personas” parecen bastante desgraciado. Las obras de arte son bienes adquiridos con dinero público, cuya conservación debe ser garantizada por los gobernantes de la UPNA.

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Por otro lado, percibo cierta distancia con las obras artísticas al escribir. El desapego que destila en relación a las obras de arte es realmente preocupante. Las diversas manifestaciones artísticas se han convertido en elementos fundamentales para entender un mundo cada vez más regido por algoritmos. Las computadoras, la tecnología y la inteligencia artificial brindarán cada vez más respuestas automáticas a nuestras preguntas, y la capacidad crítica que brinda el arte será una cualidad esencial para los estudiantes que se formarán en una institución universitaria y trabajarán en la sociedad del futuro. Estos estudiantes deben valorar el bien común, los bienes comunes, para distanciarse, en palabras de Nuccio Ordine, de “esta lógica de beneficio por beneficio que ha desatado el egoísmo desenfrenado en el mundo”.

Siempre he sido una firme defensora de las humanidades en la educación universitaria y, siguiendo las ideas de Martha C. Nussbaum en su trabajo subtitulado Por qué la democracia necesita las humanidades, he defendido la conveniencia de incluir asignaturas que tienen en común todas las carreras universitarias que los estudiantes están formados por una mentalidad abierta, libre y flexible y estas habilidades se pueden transmitir a través de la literatura y las artes. Dice el gran científico navarro y universal Pedro Miguel Echenique: “…pensar que la ciencia es la única fuente de verdadero conocimiento es un error. La poesía, la filosofía, la literatura… otras ramas de las humanidades pueden aportar mucho”.

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Si la comunidad universitaria aprecia la importancia del arte y su preservación y la capacidad que el arte ofrece para disfrutar de la vida y superar las adversidades de las personas, tal vez podría formar parte de una comunidad universitaria dedicada a las artes en el campus o en las oficinas o en las áreas públicas y no optará por confiscar las obras de arte que forman parte de nuestro patrimonio público.

El autor es Doctor en Filología Románica y ex Director General de Universidades y Recursos Educativos (2016-2019)



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